Musica Vitae

09 marzo 2006

Katyusha


Anoche soñé. Lo recuerdo perfectamente. La verdad es que últimamente mis sueños son cada vez más fáciles de recordar. Quizás porque los sueños, mis sueños, se basan en recuerdos, anhelos, momentos entrañables de una vida que he disfrutado y me ha gustado vivir. Un sueño es, muchas veces, una materialización de un recuerdo. Y cómo no, de recuerdos tenemos todos la cabeza llena. Me encanta soñar con la música, los conciertos espontáneos y no tan espontáneos, las miradas cómplices, las sonrisas, las canciones. Esta mañana pensaba en mi sueño. Aquella “dacha” a las afueras de Moscú, en la que nos invitaron a una típica comida soviética campestre. Quizás uno de los días más bonitos de mi vida. Una vegetación increíble para la idea que uno tenía de Moscú. Una comida exquisita: una especie de “pinchos morunos” gigantes acompañados de hojas de coleandro, vino blanco moldavo, vodka local (y es que el vodka allí sabe diferente) y manzanas. Recuerdos, sí. Yo no hablaba (ni hablo) ruso, ellos tampoco hablaban español. Todos cantábamos. Había una guitarra y un acordeón. Me encanta la música rusa y me resulta apasionante cómo la cultura musical en aquel país está tan arraigada en todos los niveles sociales y culturales. Mis amigos que, hasta hacía un momento, eran señores normales con sus trabajos igualmente normales, se habían convertido en un verdadero coro a cuatro voces. Yo me sabía algunas canciones de memoria, como los loros, pero me daba igual. “Kalinka”, “Katyusha”, “Otchi tchornie”, etc., etc….¡hasta el himno de la URSS!


Texto de "Katyusha"


Recuerdo también mientras sonaba "El lago de los cisnes" aquel telón gigante en el Teatro Bolshoi (la hoz y el martillo más grande que he visto en mi vida). Recuerdo el concierto country que nos ofrecieron en Toronto (con borrachera mítica posterior). La cena con títeres y música barroca en Praga. El entrañable concierto de niños ciegos con instrumentos hechos de latas, ruedas y maderas de Douala. La ópera china de barcos de papel en un lago en Guangzhou. El concierto de música renacentista en San Giovanni Rotondo. El karaoke de morirse de risa en Kuala-Lumpur. Los cantos rituales en Nueva Zelanda. Tantos y tantos recuerdos. Tantos y tantos sueños. Tanta y tanta música.

2 Comments:

Publicar un comentario en la entrada

<< Home